Corresponsal de guerra
En los últimos días he estado enfocada en atender mis responsabilidades como estudiante, preparando los últimos exámenes de la carrera y por eso he descuidado mi cita diaria con el blog.
Para este post quería volver al encuentro la semana pasada con Jenn, mi ciberamiga. Durante nuestra conversación surgió el tema de la "guerra" y lo diferentes que eran nuestras posturas. Ella, está casada con un militar y por lo tanto existe la probabilidad de que algún día él deba ir a la guerra un hecho que ella asocia con peligro y la separación de la persona a la que ama y lo que es peor, el riesgo de no volver a verlo.
Para mí, la guerra también es tragedia, injusticia, peligro, muerte y dolor. Pero también he visto la guerra contada por Christianne Amanpour o Ryszard Kapuscinski y me han contagiado su pasión por contar la verdad.
En noviembre de 2001, un par de meses después de empezar mis estudios, estaba en casa desayunando, con una copia de El Mundo y la televisión encendida de fondo. Estaba leyendo la crónica de Julio Fuentes, el corresponsal del diario en Afganistán, donde relataba los últimos acontenimientos en torno a la guerra. De repente la monotonía de algún programa matutino se rompió por una noticia de última hora: el periodista español Julio Fuentes había sido asesinado junto a otros tres en una carretera de mala muerte entre Jalalabad y Kabul. Lo que tenía entre mis manos era la última crónica, la última prueba del testigo, el humilde intento de Julio para que la verdad no fuese la primera víctima de la guerra.
Desde ese día y hasta ahora otros tres periodistas españoles Ricardo Ortega, en Haití y José Couso y Julio Anguita en Bagdad y decenas más de otras nacionalidades han perdido la vida mientras ejercían su profesión.
Sé que la sociedad en general se ha vuelto escéptica con los reporteros de guerra, sobre todo por las restricciones de las últimas guerras de Irak y Afganistán que impiden a los informadores acercarse al campo de batalla. Víctima de ello, muchos periodistas se han convertido en meros trasmisores de los comunicados oficiales y precursores de lo que se ha llamado el 'periodismo de hotel'.
Con sus crónicas y reportajes estos 'los soldados sin armas' me han contagiado la pasión y de la búsqueda de la verdad, la defensa de los débiles, ser la voz de los que no la tienen, las descargas de adrenalina, el instinto de supervivencia. No quiero conformarme con informar desde una oficina con aire acondicionado o ir a las ruedas de prensa y actos públicos. No, eso está bien un día, pero no es mi vida, quiero ser parte de la Tribu. He tratado de deshacerme de ello en los últimos años, convencerme de perseguir estilos de vida más fáciles, pero me he dado cuenta de que no es tan fácil arrancar un sueño. Quizá soy la última romántica pero voy a intentarlo, seguramente no sea Irak, pero quien sabe si Irán o Corea del Norte.
Para este post quería volver al encuentro la semana pasada con Jenn, mi ciberamiga. Durante nuestra conversación surgió el tema de la "guerra" y lo diferentes que eran nuestras posturas. Ella, está casada con un militar y por lo tanto existe la probabilidad de que algún día él deba ir a la guerra un hecho que ella asocia con peligro y la separación de la persona a la que ama y lo que es peor, el riesgo de no volver a verlo.
Para mí, la guerra también es tragedia, injusticia, peligro, muerte y dolor. Pero también he visto la guerra contada por Christianne Amanpour o Ryszard Kapuscinski y me han contagiado su pasión por contar la verdad.
En noviembre de 2001, un par de meses después de empezar mis estudios, estaba en casa desayunando, con una copia de El Mundo y la televisión encendida de fondo. Estaba leyendo la crónica de Julio Fuentes, el corresponsal del diario en Afganistán, donde relataba los últimos acontenimientos en torno a la guerra. De repente la monotonía de algún programa matutino se rompió por una noticia de última hora: el periodista español Julio Fuentes había sido asesinado junto a otros tres en una carretera de mala muerte entre Jalalabad y Kabul. Lo que tenía entre mis manos era la última crónica, la última prueba del testigo, el humilde intento de Julio para que la verdad no fuese la primera víctima de la guerra.
Desde ese día y hasta ahora otros tres periodistas españoles Ricardo Ortega, en Haití y José Couso y Julio Anguita en Bagdad y decenas más de otras nacionalidades han perdido la vida mientras ejercían su profesión.
Sé que la sociedad en general se ha vuelto escéptica con los reporteros de guerra, sobre todo por las restricciones de las últimas guerras de Irak y Afganistán que impiden a los informadores acercarse al campo de batalla. Víctima de ello, muchos periodistas se han convertido en meros trasmisores de los comunicados oficiales y precursores de lo que se ha llamado el 'periodismo de hotel'.
Con sus crónicas y reportajes estos 'los soldados sin armas' me han contagiado la pasión y de la búsqueda de la verdad, la defensa de los débiles, ser la voz de los que no la tienen, las descargas de adrenalina, el instinto de supervivencia. No quiero conformarme con informar desde una oficina con aire acondicionado o ir a las ruedas de prensa y actos públicos. No, eso está bien un día, pero no es mi vida, quiero ser parte de la Tribu. He tratado de deshacerme de ello en los últimos años, convencerme de perseguir estilos de vida más fáciles, pero me he dado cuenta de que no es tan fácil arrancar un sueño. Quizá soy la última romántica pero voy a intentarlo, seguramente no sea Irak, pero quien sabe si Irán o Corea del Norte.

5 Comments:
lo primero que deberías hacer es dejar de leer el mundo. jaja es broma.
bueno corresponsal de guerra no es fácil no? de verdad quieres eso?, o cuando lo pruebes un pa r de veces te echarás atras?
Está claro que no todo el mundo vale. Pero los que están ahí dicen que la paradoja del periodismo de guerra es que una vez que lo pruebas te engancha, te conviertes en un nómada en busca de la siguiente guerra y no puedes dejar de vivir sin esa adrenalina. Sí, me gustaría intentarlo, en la vida hay tiempo para todo.
p.s: en una de mis batallitas conoceré a un ex guerrillero de las FARC reconvertido en magnate del café que me hará ama de casa ... haha
comentar tu posdata...
para eso no hace falta irse a la guerra mujer.
No ... pero sería más emocionante
me parece muy valiente lo q hacen algunos reporteros, pero a la vez, me parece por igual estupido. Creo q un reportero o cualquier persona q no es un soldado no pinta nada en un campo de batalla, prefiero recibir noticias sobre la verdad de porq se suceden las guerras a lo q pasa en cada batalla. Pero una vez mas, cada cadena de television o cada periodocio tiene su punto de vista, asiq q pongan lo q les parece objetivo segun ellos y no exactamente lo q ha descrito el periodista, me parece injusto q arriesguen las vidas de esa manera. Lo mejor es q si algun periodista se muere, la gente se sorprenda, o protesten. Una guerra es una guerra.
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