Mi fiel acompañante
En las últimas dos semanas y probablemente hasta mediados del mes de junio voy a tener un pequeño acompañante. Se trata de un pequeño asistente que me ha salvado de muchas inundaciones, no me refiero al fontanero sino al trozo de celulosa mojado comunmente conocido como el kleenex. Como un lazarillo que asiste a un ciego, el kleenex acude en rescate cuando ¡aaaaachum!, una cascada de mucosas desciente por mis fosas nasales. Es la época de las alergias al polen, las gramíneas, los olivos, los plataneros, y también la época en que rescato a mis kleenex del olvido tras los resfriados invernales.
En muchas ocasiones son un salvavidas, como el día en que el Director General para el Cambio Climático había convocado a unos periodistas en el Ministerio de Medio Ambiente y de repente sin previsión alguna (fue hace muchas semanas, todavía temprano para que empezara la polinización) empiezo a estornudar sin cesar y sólo tenía un pañuelo usado en el bolso y la servilleta del café. Después de quince estornudos seguidos había superado la capacidad absorbente de los dos trozos de papel. Estaba en medio de una reunión formal y no era apropiado excusarme para ir al baño. ¿Qué puedo hacer?, decido pedir un kleenex a la reportera que tengo a la izquierda pero no tiene, la de la derecha sí tiene ... pero después de sonarme varias veces deja de servir. Estoy aborchonada y todavía quedan 20 minutos de reunión. Empiezo a reutilizar los dos primeros kleenex, pero intento aguantar todo lo posible, hasta que, ¡por fin libres!, puedo correr al baño y liberar la retención de líquidos.
Pero en otras, los kleenex se convierten en un incómodo accesorio. Como hace un par de días cuando fui a una fiesta con unas amigas. Este año debido a que las lluvias durante el otoño fueron abundantes (más que el año anterior) pues hay el doble de polen en el ambiente y los estornudos no me dan tregua ni por la noche. Así, que, antes de salir preparo un cargamento de pañuelos.
Efectivamente, no pasa mucho tiempo hasta que llega el primer ¡aaaaaaachum!, y saco un kleenex al principio las miradas son compasivas, pero a medida que pasa la noche empiezan a mirarme peor que a una leprosa. Peor que si oliese mal o llevara calcetines blancos con un pantalón negro. Me he dado cuenta de que los estornudos y mi sempieterno kleenex son los complementos más antisociales. Decido que la próxima vez que me encuentre en rodeada de desconocidos en lugar de hacer uso del pañuelo de manera pública, me retiraré al cuarto de baño. Quizá opte por quedarme ahí encerrada todo el tiempo.
Dedicado a todos los que sufren alergias primaverales.

1 Comments:
yo tengo alergia cualquier día del año...
pero tp me trauma tanto el que me vean estornudar, me agobia más el malestar físico
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