Viaje al Pasado
Siento que los temas sobre los que escribo sean tan nostálgicos, tristes pero es lo que siento. Aunque esfuerzo en ver el lado positivo, la primavera no me está sentando bien.
Hace unos meses decidí que iba a pasar la Semana Santa con una de mis amigas de cuando crecía en Algeciras, llevamos demasiado tiempo sin vernos y me hace falta pasar con tiempo con ella, ponernos al día.
Ahora, cuando sólo faltan unos días para bajar a Málaga, empiezo a ponerme nerviosa, hasta siento pánico.
Supongo que esto es lo que se siente cuando viajamos al pasado… y el pasado aún duele. Cuando hay episodios inacabados, cuando lo que ocurrió hace años todavía no tiene un punto y final. Volver al sur, Algeciras, Málaga, los amigos es volver a un pasado a la vez emocionante, por las cosas felices que pasaron, pero a la vez doloroso, por el modo en que todo terminó.
Raquel y yo teníamos un amigo, Alberto. Hicimos tantas cosas juntas, recuerdos, memorias, complicidades, los primeros viajes, compartimos todas las emociones, sueños y ambiciones de la adolescencia. Alberto siempre fue más que un simple amigo. Un día de agosto de 2001, Alberto murió en un accidente de tráfico.
Viviendo entre Madrid e Irlanda es fácil aparcar los recuerdos dolorosos, por que no tengo que enfrentarme a la gente, a los sitios que me recuerdan a Alberto. Puedo guardar las fotos, las cartas, los recuerdos en un cajón y seguir con mi vida.
Siempre he sido una persona positiva. Si tengo un problema trato de buscar una solución, seguir adelante y sobre todo intento no estancarme.
Con la muerte de Alberto, lo mismo. Aunque sigo sin entender el porqué, no intento buscarlo. Quiero creer que Dios tiene un plan y que esto entraba en él y ya está. Mi mente racional, entiende que la muerte supone la separación forzosa, y para el resto de nosotros, que seguimos aquí, la vida sigue y tenemos que vivirla. Pero mi corazón va por otro lado. Cinco años más tarde sigo sintiendo el dolor, los recuerdos siguen vivos, más vivos que nunca.
Por eso, se hace tan difícil volver a ver a Raquel y a la familia de Alberto. Por un lado, volver a verlos es un motivo de alegría, siempre lo es cuando ves a viejos amigos. Por otro, verlos es también volver a pensar en Alberto.

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