Necesidad de aventura
Los tiempos de transición son esos periodos en la vida que donde “no pasa nada” pero son los nexos de unión entre dos momentos donde “sí pasa algo”. En el sistema educativo irlandés tienen un curso que se llama “Transition Year” y corresponde a 4º de ESO para los españoles (o 2º de Bachillerato... para quienes lo estudiamos). Es un año donde se sumerge al estudiante en toda clase de asignaturas no académicas y creativas para que pueda tener un contacto con las distintas opciones profesionales que existen y así poder enfocar mejor sus optativas en los dos últimos años de instituto antes de la universidad. Se trata de hacer actividades como actuar en un musical, hacer deportes acuáticos, recaudar fondos para obras benéficas, lecciones básicas de cocina, idiomas, introducción al derecho.
Y como los adolescentes de 15 y 16 años que no saben que camino elegir ante la vida yo también estoy en un momento de transción. Hace unas semanas terminé la carrera y a partir de ahora me enfrento a lo desconocido.
No puedo decir que estos últimos hayan sido monótonos: he conocido a muchas personas, he madurado como persona, me he formado como profesional etc. Pero por otro lado, toda mi vida estaba organizada y en cierto modo hasta era previsible: vacaciones de junio a septiembre, exámenes en febrero y junio, visitas a Irlanda en Navidad y verano, de alguna manera todo estaba organizado para mí.
Cuando ni siquiera ha pasado un mes desde mi graduación pienso en todas las cosas que me faltan aún por experimentar, descubrir. Tengo sed de aventura, necesito nuevas emociones, riesgos, retos. No tengo claro qué es lo que estoy buscando. Ahora mismo, lo que sé es que no quiero esa vida previsible que es terminar la carrera, buscar un trabajo seguro, comprar un coche, una casa, casarte y tener hijos. No, esa no es mi vida.
Tengo clarísimo lo que quiero a largo plazo para mi vida, pero a corto plazo… esa es otra historia. Entre las ideas que cruzan el espacio en blanco de mi mente está viajar a Senegal y hacer un viaje antropológico por el áfrica negra, irme al Líbano en medio de esta tormenta de bombas y vivir la guerra con los libaneses, visitar a las tropas españolas en Afganistán, estar con prostitutas y ayudarlas a encontrar un propósito para sus vida fuera de las calles en México o en Tailandia. Quizá la aventura que busco no está en desiertos tan lejanos y lo que busco está aquí mismo en Madrid.
Muchas opciones y cual más atractiva, pero por otro lado, tengo algunos temores, como por ejemplo…y si lo dejo todo y me voy …¿perderé este tren del periodismo? ¿Es esta la única oportunidad que tengo que para ser la periodista que me gustaría llegar a ser? ¿Vale la pena sacrificar la aventura, lo desconocido, las experiencias por la seguridad de una buena carrera y la estabilidad de vivir lo que ya es conocido?
En medio de este periodo de transición hay un pensamiento que me abruma y es pensar que sólo una vez en la vida voy a tener 23 años, sólo una vez que podré vivir este momento en el tiempo con la energía, el entusiasmo, la ilusión y las ganas que ahora tengo, no quiero desperdiciarlos ya que sólo hay una vida. Una sola vida.
Y como los adolescentes de 15 y 16 años que no saben que camino elegir ante la vida yo también estoy en un momento de transción. Hace unas semanas terminé la carrera y a partir de ahora me enfrento a lo desconocido.
No puedo decir que estos últimos hayan sido monótonos: he conocido a muchas personas, he madurado como persona, me he formado como profesional etc. Pero por otro lado, toda mi vida estaba organizada y en cierto modo hasta era previsible: vacaciones de junio a septiembre, exámenes en febrero y junio, visitas a Irlanda en Navidad y verano, de alguna manera todo estaba organizado para mí.
Cuando ni siquiera ha pasado un mes desde mi graduación pienso en todas las cosas que me faltan aún por experimentar, descubrir. Tengo sed de aventura, necesito nuevas emociones, riesgos, retos. No tengo claro qué es lo que estoy buscando. Ahora mismo, lo que sé es que no quiero esa vida previsible que es terminar la carrera, buscar un trabajo seguro, comprar un coche, una casa, casarte y tener hijos. No, esa no es mi vida.
Tengo clarísimo lo que quiero a largo plazo para mi vida, pero a corto plazo… esa es otra historia. Entre las ideas que cruzan el espacio en blanco de mi mente está viajar a Senegal y hacer un viaje antropológico por el áfrica negra, irme al Líbano en medio de esta tormenta de bombas y vivir la guerra con los libaneses, visitar a las tropas españolas en Afganistán, estar con prostitutas y ayudarlas a encontrar un propósito para sus vida fuera de las calles en México o en Tailandia. Quizá la aventura que busco no está en desiertos tan lejanos y lo que busco está aquí mismo en Madrid.
Muchas opciones y cual más atractiva, pero por otro lado, tengo algunos temores, como por ejemplo…y si lo dejo todo y me voy …¿perderé este tren del periodismo? ¿Es esta la única oportunidad que tengo que para ser la periodista que me gustaría llegar a ser? ¿Vale la pena sacrificar la aventura, lo desconocido, las experiencias por la seguridad de una buena carrera y la estabilidad de vivir lo que ya es conocido?
En medio de este periodo de transición hay un pensamiento que me abruma y es pensar que sólo una vez en la vida voy a tener 23 años, sólo una vez que podré vivir este momento en el tiempo con la energía, el entusiasmo, la ilusión y las ganas que ahora tengo, no quiero desperdiciarlos ya que sólo hay una vida. Una sola vida.

3 Comments:
bueno, también hay que pensar, que esta vida en si solo e sun momento de transición,jejeje.
me gusta que tengas tantos sueños e ideas, de viajar...¡de no estancarte!
ya echaba de menos tus escritos. Siento no haberte visto esta vez, pero me alegra saber que has podido descansar, pasarlo bien y volver con ganas de comerte el mundo, o al menos lo que tienes cerca. Un besote! Kela.
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